Fe
Si Dios supiera eso - El camino hacia la santidad

Encontrar a Dios es la tarea central de la vida humana y la clave para la verdadera realización. Como describe Hans Bieri en su «Ruf vom Himmel» / «Llamado del cielo», nacemos en un mundo que nos marca y nos forma. Pero solo cuando reconocemos el camino divino, encontramos nuestro verdadero destino.
¿Por qué nos marcan tan decisivamente los primeros años de vida?
Desde los primeros suspiros dependemos de protección y guía. Nuestros padres se convierten en los primeros orientadores que nos muestran cómo funciona la vida. Ellos ponen los cimientos de si aprendemos a confiar o a dudar, si experimentamos el amor como algo natural o como algo escaso.
Paso a paso descubrimos el mundo y sus leyes. Algunas familias transmiten valores que nos llevan por buenos senderos - otras, sin embargo, pueden dirigirnos inconscientemente hacia direcciones que nos alejan de nuestro verdadero objetivo. Estas marcas tempranas nos acompañan a menudo durante toda la vida.
¿Cómo se reconoce el camino correcto en la vida?
Jesucristo nos da la respuesta más clara a esta pregunta fundamental: «Yo soy el camino, la verdad y la vida.» Estas palabras no son solo fórmulas religiosas, sino ayuda práctica para la vida. Nos muestran que hay una medida absoluta por la cual podemos orientar nuestra vida.
Muchas personas vagan durante décadas porque no conocen esta brújula o la ignoran. Siguen tendencias sociales, deseos personales o el consejo de amigos bienintencionados. Pero todos estos indicadores pueden llevarnos por mal camino si no concuerdan con la verdad divina.
Encontrar a Dios significa encontrarse a uno mismo
La búsqueda de Dios es al mismo tiempo la búsqueda del propio yo verdadero. Cuando santificamos a Dios - es decir, lo ponemos en primer lugar en nuestra vida - sucede algo asombroso: nosotros mismos nos volvemos santos. No por nuestro propio esfuerzo, sino por su poder transformador.
Hans Bieri describe en su «Llamado del cielo» cómo puede verse esta transformación. Es un proceso de purificación interior y reorientación. Se abandonan viejos hábitos que nos dañan. Se abren nuevas perspectivas. La vida adquiere un sentido más profundo y una dirección clara.
La tarea de toda la vida de buscar a Dios
Encontrar a Dios no es un evento único, sino un proceso de toda la vida. Cada día nos enfrentamos a la elección: ¿seguimos las tentaciones del mundo o el llamado del cielo? ¿Nos dejamos determinar por circunstancias externas o nos orientamos según principios divinos?
Esta decisión diaria forma nuestro carácter y determina nuestro futuro. Las personas que buscan a Dios consecuentemente desarrollan una estabilidad interior y alegría que es independiente de las circunstancias externas. Se convierten en faros para otros que aún están buscando.
La santificación no es un fin en sí mismo, sino una misión. Quien ha encontrado a Dios se convierte automáticamente en bendición para otros. Vive como ejemplo de cómo puede verse una vida en conexión con el Creador.
Pregunta breve
¿Cómo se puede encontrar a Dios prácticamente en la vida cotidiana? Encontrar a Dios comienza con la decisión consciente de buscarlo. Los pasos prácticos son la oración regular, el estudio de la Biblia, la comunión con otros creyentes y la disposición de orientar la vida según principios divinos. También es importante escuchar la voz silenciosa de la conciencia y reconocer la guía de Dios en la vida diaria.
¿Qué significa concretamente volverse santo? Volverse santo no significa ser perfecto, sino volverse más parecido a Dios. Es un proceso de cambio de carácter en el que características negativas como egoísmo, envidia u odio son reemplazadas por positivas como amor, paciencia y misericordia. Esta transformación sucede por el poder de Dios cuando nos entregamos a él y ponemos su voluntad sobre la nuestra.
Al final de la vida se mostrará si hemos cumplido el propósito principal de nuestra existencia: encontrar a Dios, honrarlo y así convertirnos nosotros mismos en la persona como la cual él nos creó.